EL DELICADO EQUILIBRIO ENTRE EL SER HUMANO Y LA NATURALEZA


El delicado equilibrio entre el ser humano y la Naturaleza

Este importante texto tiene 30 años. Pero conserva actualidad. Lo escribe un eminente microbiólogo francés, y no un desastrólogo. Pero tiene la necesaria sabiduría integral que requiere esta nueva "ciencia". 

René Dubos


Todos los seres humanos son migrantes con un origen común. Por obra de los desplazamientos que los expusieron a diferentes factores biológicos y los indujeron a adoptar diferentes modos de vida, las diversas razas humanas sufrieron modificaciones mínimas en el curso de los tiempos prehistóricos y los históricos, pero en conjunto su constitución genética sigue siendo casi la misma que hace decenas de miles de años.

Nada indica que esa constitución vaya a cambiar de manera importante en un futuro próximo. El proceso normal de la evolución genética es demasiado lento para ello, aunque la selección natural siga actuando. Por tal motivo la vida humana sólo puede mantenerse dentro de los límites físicos y químicos, relativamente estrechos, que resultan compatibles con las características anatómicas y fisiológicas del Homo sapiens.

El hecho de que el hombre moderno esté constantemente invadiendo nuevos medios da la impresión de que aumenta la esfera de su adaptabilidad biológica y escapa así a la ley evolutiva que ha regido su pasado. No se trata sino de una ilusión. Donde quiera vaya y haga lo que hiciere, el hombre sólo puede subsistir en la medida en que mantenga o cree en torno suyo un microhabitat similar a aquél en el que se ha vuelto lo que es. No se puede desplazar por el fondo de los océanos o en el espacio ultraterrestre si no permanece ligado a la tierra por un cordón umbilical o no está encerrado en compartimientos que reproducen la atmósfera terrestre casi a la perfección. Aunque puede sobrevivir en medios contaminados por agentes químicos, y soportar los ruidos y los estímulos excesivos, el ser humano sólo conserva su plena salud física y mental si se protege de esas contaminaciones por diversos medios.

Somos notablemente adaptables

Teniendo en cuenta todos esos factores, no es menos cierto que el hombre de nuestros días sigue siendo tan adaptable como lo era cuando colonizó el globo a fines de la edad de piedra. En las últimas décadas es grande el número de personas que han sobrevivido a las espantosas pruebas de la guerra moderna o de los campos de concentración.

En condiciones normales, los mecanismos biológicos de adaptación se ven completados por otros que no implican ninguna modificación en la naturaleza biológica del hombre. En todo el mundo, las ciudades más populosas, las más contaminadas y las más brutales son precisamente la que ejercen mayor atracción y en las que la población aumenta más rápidamente. Hombres y mujeres que trabajan en una extrema tensión nerviosa, entre el ruido infernal de aparatos de gran potencia, máquinas de escribir y teléfonos, en atmósferas viciadas por las emanaciones químicas o el humo del tabaco, dan de todas maneras un rendimiento que es fuente de riqueza económica.

La notable capacidad del ser humano para tolerar condiciones profundamente diferentes de aquéllas en las que ha evolucionado ha creado el mito de que puede, indefinida e impunemente, transformar su vida y su medio ambiente gracias al progreso tecnológico y social. Pero no es así. Por el contrario, esa facilidad de adaptación biológica y socio-cultural a tensiones diversas y condiciones nocivas entraña, paradójicamente, un peligro para su bienestar individual y para el futuro de la raza humana.

El ser humano puede adquirir cierto grado de tolerancia a la contaminación del medio, al exceso de estímulos externos, a la superpoblación y a la competencia intensa que ésta produce, a un ritmo totalmente extraño a los ciclos biológicos naturales y a otras consecuencias de la vida en el mundo de las ciudades y de la técnica. Esa tolerancia le permite superar los efectos desagradables o traumáticos la primera vez que los sufre, pero en muchos casos ello se consigue mediante procesos orgánicos y mentales capaces de engendrar esos trastornos crónicos y degenerativos que con frecuencia pesan sobre la madurez y la vejez, incluso en los países prósperos.

No podemos vivir sin flores

El hombre aprende, igualmente, a tolerar ambientes feos, cielos sucios y ríos contaminados. Puede sobrevivir incluso haciendo caso omiso de la ordenación cósmica de los ritmos biológicos. Puede vivir sin la fragancia de las flores, sin el canto de los pájaros, sin la alegría de los paisajes ni otros estímulos biológicos de la naturaleza.

La falta de lugares amenos y la supresión de los estímulos de que disfrutó en su evolución en calidad de ser biológico y mental pueden no producir ningún detrimento patente sobre su aspecto físico o su capacidad de actuar como parte del engranaje económico o técnico, pero la mayor parte del tiempo traen consigo un empobrecimiento de la vida, una pérdida progresiva de las cualidades que asociamos a la noción de ser humano y una disminución de su equilibrio físico y mental.

El aire, el agua, el suelo, el fuego, los ritmos de la naturaleza y la variedad de los seres vivos no sólo tienen interés como combinaciones químicas, fuerzas físicas o fenómenos biológicos sino como las verdaderas influencias que han modelado la vida humana, creando así en el hombre profundas necesidades que no cambiarán en un futuro previsible. El patético éxodo de fin de semana hacia el campo o la playa, las chimeneas en las viviendas urbanas recalentadas, el apego sentimental a los animales domésticos y a las plantas demuestran la persistencia en el hombre de los apetitos biológicos y afectivos que adquirió en el curso de la historia de su evolución y de los que no pueden prescindir.

Necesitamos lo que deseamos

Como el Anteo de la leyenda griega, el ser humano pierde su fuerza en cuanto deja de tener contacto con la tierra. Aunque la constitución genética del Homo sapiens no haya sufrido alteraciones importantes desde fines de la edad de piedra, es evidente que sus manifestaciones fenotípicas han cambiado considerablemente con el tiempo y difieren de un lugar a otro. La razón de que así ocurra reside en el hecho de que, considerada en conjunto, la humanidad se halla dotada de una amplia gama de virtualidades genéticas que, en condiciones normales, están latentes, hasta que la forma creadora en que cada individuo reacciona frente a su medio vuelve a darles actualidad y realidad.

El hombre no puede modificar apreciablemente la constitución genética de la raza humana, pero en cambio puede ejercer gran influencia sobre la calidad de su vida por haber aprendido a actuar sobre aquellos factores constitutivos de su medio que condicionan las expresiones manifiestas de su patrimonio hereditario. El ser humano, como individuo y como especie, crea lo que es por una serie de decisiones y opciones determinantes.

En teoría, todos los seres humanos tienen aproximadamente las mismas exigencias biológicas esenciales; pero en la práctica esas exigencias están condicionadas por la sociedad y, por lo tanto, difieren profundamente de un grupo humano a otro. Incluso las necesidades alimentarias no pueden definirse sin tener en cuenta los factores históricos y sociales.
El valor de un producto alimenticio no está determinado sólo por su contenido de proteínas, hidratos de carbono, grasas, vitaminas, sales minerales y otros componentes químicos. Un alimento dado tiene, además de sus valores metabólicos, valores simbólicos que lo hacen indispensable o inaceptable para un grupo determinado de personas, según las creencias y experiencias anteriores de los componentes del grupo. Además, las necesidades no son inmutables. Algunas que nos parecen casi esenciales en la actualidad pueden llegar a ser superfluas para otra generación, y no porque la naturaleza biológica del hombre cambie, sino porque el medio social suele sufrir rápidas y profundas modificaciones.

Puede ocurrir, por ejemplo, que se asista a la desaparición progresiva del automóvil individual si conducirlo pierde su atractivo a causa de la congestión del tráfico o de cierto hastío, y si la población se acostumbra a pasar una parte mayor de su tiempo libre en sitios que sean accesibles a pie. La vivienda individual aislada, tan característica del continente americano, podría también caer en desuso si la propiedad de la misma cesara de ser símbolo de independencia económica y social al generalizarse la prosperidad y la seguridad económica. Una evolución de las costumbres en materia de automóvil y de viviendas tendría probablemente repercusiones considerables sobre el destino de las regiones no urbanas, así como sobre la evolución en materia de producción de alimentos.

Por consiguiente, la frase "necesidad esencial" no significa nada, ya que en la práctica los pueblos necesitan lo que desean. A medida que va desarrollándose la civilización técnica, las necesidades se ven cada vez menos de- terminadas por las exigencias biológicas fundamentales del Homo sapiens y más por las aspiraciones sociales de éste. Estas aspiraciones están suscitadas por el medio en el que vive el hombre, y especialmente por el ambiente en que éste se ha formado. Los miembros de un grupo social determinado llegan a desear y, por consiguiente, a juzgar necesario, aquello que el grupo considera más deseable. Así, la idea de una vida grata se identifica con la satisfacción de esas necesidades sea cual sea su utilidad en el plano biológico.

¿QUIÉN ES QUIÉN EN LA GUERRA DE SIRIA?






LA DEFENSA DE LA NATURALEZA EN EL CINE


Por  © Enrique Martínez-Salanova Sánchez
En el cine se han tratado todos los temas y se ha filmado lo que la especie humana ha realizado en las últimas décadas. Es difícil encontrar aspectos generales, o cotidianos, o científicos, o filosóficos, que el cine no haya tratado de alguna forma. Las nuevas tecnologías facilitan el acceso a lugares en los que el ojo humano nunca soñó, lo que ha acrecentado el conocimiento de la naturaleza y el deterioro que sufre por la acción humana. El cine, no solamente el documental, es también documento sobre la vida en la Tierra. A partir del cine debe buscarse la realidad que existe tras la ficción o la ficción que se da tras la realidad, con el fin de crear conciencia hacia el respeto a la naturaleza y el entorno necesario para la supervivencia de la vida.
 La presencia del medio ambiente en el cine

El cine no solamente ha puesto en contacto al hombre con la naturaleza, los paisajes exóticos y el documental de naturaleza, sino que además ha sido, y sigue siendo en ocasiones, militante activo en la lucha por la defensa del medio ambiente. La sensibilidad que la Especie Humana ha ido adquiriendo en los últimos tiempos, sobre todo en el siglo XX, sobre la defensa de la naturaleza y el medio en el que se desarrolla, el cine la ha ido exponiendo y presentando. Además, el cine ha sido desde su nacimiento, el más poderoso vehículo de transmisión de conocimientos y de culturas, aportando a sus espectadores infinitas posibilidades de encuentro con paisajes, naturaleza, lugares y costumbres. Con frecuencia se ha dado por supuesto que el entorno era bello, y que se podía transformar al antojo del ser humano. El cine de las últimas épocas, expone ya con claridad que se encuentra en juego el futuro del mundo, de nuestros descendientes y de la vida en la Tierra.
La tecnología que hace posible muchos de los avances de la Especie Humana, permite también acceder a lugares de la naturaleza insospechados, se puede entrar en el interior de los seres vivientes más pequeños y explorar el espacio. Los documentales y el cine de ficción utilizan los recursos tecnológicos a su alcance, para mostrar al mundo, tanto la belleza como la degradación de la naturaleza. Las nuevas tecnologías y las redes sociales, YouTube entre otras, disemina por el mundo mensajes de salvación de la Tierra que llegan los confines del mundo y conciencian a los ciudadanos.
Para nuestros antepasados el cine fue una ventana al mundo. Vivieron las películas de una forma mágica: veían y admiraban París, la Costa Azul, el Cañón del Colorado, los maravillosos templos de Egipto, se internaban en otras civilizaciones y se adentraban en los misterios de la vida y de la aventura... Pasado más de un siglo, el cine ha ido evolucionando, ampliando las ventanas y los horizontes. No hay lugar que no se haya visitado, desde las simas más profundas del mar hasta las cordilleras más elevadas, el espacio o los inconmensurables mundos de la vida microscópica y el interior del cuerpo humano. Las cámaras se introducen en mundos inverosímiles, más aun cuando por medio de la realidad virtual se pueden rememorar, construir o inventar cualquier situación, persona, paraje o edificio, haciendo posible cualquier punto de vista o perspectiva por difícil o arriesgada que sea o parezca.
Hoy, el cine se ha hecho más consciente, es utilizado como denuncia, se han realizado en los últimos años infinidad de películas que abogan por la defensa directa del medio ambiente, que denuncian violaciones flagrantes con la destrucción de diferentes hábitat, contra la eliminación de etnias marginales o la desaparición de lenguajes y costumbres. Hay también cine de lucha comprometida contra las agresiones al medioambiente, cine que presenta mundos destruidos por el uso de la energía nuclear, y cine de catástrofes producidas por la acción de la civilización en la naturaleza..
 Un poco de historia: Robert Flaherty

Desde que en 1922, en Nanuk el esquimal, Robert Flaherty, expuso la difícil relación entre el hombre y su entorno natural, abriendo así el campo de la cinematografía al cine etnográfico, el mundo se llenó de películas defensoras de costumbres exóticas y más tarde entró en el mundo de la defensa de los pueblo, de los valores culturales y de la defensa del mundo.
Nanuk el esquimal es el primer documental, largometraje, que se distribuyó comercialmente. No había un guión previo a fin de no condicionar los hechos y la disposición de anécdotas merced a un elemento exterior. Además, Flaherty portaba consigo un laboratorio móvil a fin de comprobar la calidad del material de cada día, que proyectaba a los esquimales (que nunca antes habían contemplado las imágenes del cinematógrafo) obteniendo de éstos una implicación cada vez mayor en el proyecto. Uno de los valores de Flaherty, que no era cineasta sino ingeniero de minas, es que aprovechó su trabajo, enviado por la Fundación Mackenzie hizo cuatro expediciones a la bahía de Hudson, en Canadá, en busca de yacimientos mineros, como explorador, cartógrafo y geólogo, por lo que conoció de primera mano la explotación que se hacía de las tierra árticas y su conocimiento de la zona le encaminó a hacer amistades con los habitantes autóctonos y su entorno.
La única forma de comprender a los esquimales era vivir entre ellos, y el resultado de esa convivencia habría de dar lugar a su obra más importante como explorador-director. Para ello, Flaherty se pasó en total unos diez años en el Ártico.
El éxito de la película en Europa hizo que la Paramount financiara a Flaherty para pasar dos años en las islas Samoa, en los mares del Sur, y rodar Moana (1925). El equipo de Flaherty se desplazó a una remota isla de la Polinesia, en la que permanecieron dos años, observando y filmando.
Los intereses de Flaherty eran demasiado especializados; amaba a los pueblos que, de una forma u otra, habían logrado no verse contaminados por la industrialización y la sociedad moderna. Se mantuvo alejado de la principal corriente del cine documental, que por lo general se ocupa de los complejos problemas de las sociedades «civilizadas» y artificiales y se enfrentó a críticas que le acusaban de exceso de romanticismo al mostrar la relación de la especie humana con la Naturaleza. En 1931 filmó Hombres de Aran (Men of Aran, 1934), uno de sus mejores documentales, sobre la vida de los habitantes de la minúscula isla irlandesa de Inishmore.
En 1948 la compañía Standard Oil produjo su película Louisiana Story, que le permitió rodar en total libertad, sobre la incidencia de la explotación del petróleo en las tierras del sur. Fue un magnífico trabajo de acercamiento a los problemas de los grupos humanos por medio de la relación entre un niño, un mapache, y una torre petrolífera. 

Colonización, violencia contra los nativos y deterioro de la naturaleza

Muchos cineastas han combatido desde el séptimo arte la idea de la colonización sangrienta de otros pueblos, que lleva al mismo tiempo al deterioro de la vida natural, la explotación indiscriminada de las riquezas y el deterioro del medio. Algunas, que recordamos por su significación son Aguirre, la cólera de Dios (Aguirre, der zorn gottes), realizada en 1973. Werner Herzog, que narra la conquista de la selva en la aventura equinoccial de Lope de Aguirre. Bailando con lobos (Dances with wolves), rodada en 1990 por Kevin Costner, en la que un militar cuya orden era eliminar a los indios y defender territorio norteamericano, se integra en una familia indígena, mostrando el respeto por las culturas autóctonas.
Muchas son las películas que los mismos norteamericanos han hecho contra su propia visión cinematográfica de destrucción de los territorios indios, matanzas indiscriminadas y sacar violentamente a los mismos hacia reducciones sin medio, hábitat y posibilidades de vida.
Las aventuras de Jeremías Jonhson (Jeremiah Johnson), 1972, de Sydney Pollack, es una película ya clásica sobre la vida en las Montañas Rocosas de un trampero, en plena naturaleza entre las tribus autóctonas, una dura crítica a la colonización y la destrucción del medio. Una película francesa, con un tema muy similiar aunque de realización completamente diferente es El último cazador (Le Dernier Trappeur), 2004, de Nicolas Vanier, sobre el último cazador que sigue viviendo según la antigua filosofía de los tramperos, conviviendo en armonía con la naturaleza.
El respeto, defensa y denuncia del trato a los pueblos indígenas y a la extracción violenta del medio natural en que siempre vivieron es un tema varias veces llevado al cine. Caminante sobre el viento, por ejemplo, hablada en cheyennne, una de las etnias que más ha respetado el medio en el que vive. El gran combate (Cheyenne Autumn) realizada en 1964 por John Ford, cuenta cómo el pueblo cheyenne busca territorios para asentarse, impedido por el ejército, que rompe todos los pactos con los antiguos dueños de las mejores tierras; una película más cercana y muy conocida por la gente más joven, es El último Mohicano (The Last of the Mohicans), hecha en 1992 por Michael Mann, sobre la preponderancia de la naturaleza salvaje y el respeto a las etnias durante la expansión y conquista de Norteamérica por parte de ingleses y franceses.
Otras etnias y otros mundos también han tenido en el cine su importancia. Los dientes del diablo (The Savage Innocents), realizada en 1960 por Nicholas Ray, en la que Anthony Quinn es un esquimal; rodada en un estilo que hoy llamaríamos docuficción, que enaltece la dura vida en el medio hostil del ártico y el respeto a las condiciones de vida naturales y la supervivencia humana sin destruir la vida animal.
La defensa de las selvas tropicales es otro tema que podemos encontrar con cierta frecuencia, en películas de calidad e interés. En La misión (The Misión), 1986, de Roland Joffé, una bella narración sobre la vida de los jesuitas en Paraguay y Argentina, su relación con los guaraníes y la naturaleza, y la lucha contra el poder colonial y de los poderosos para quedarse con las tierras. La selva Esmeralda (The Emerald Forest), 1985, de John Boorman narra la intromisión de occidente en la Amazonía, la destrucción de la selva y cómo reaccionan las tribus nativas en defensa de su hábitat. En Los últimos días del Edén (1992), John McTiernan, expone la gran cantidad de posibilidades que aporta la selva amazónica en sus aspectos medicinales y de reserva ambiental y ecológica, y la destrucción irreversible de esa riqueza por parte del mundo occidental .
Mel Gibson contribuyó con Apocalypto, 2006, a explicar cómo era Guatemala, antes de la llegada de los primeros colonizadores españoles. Avatar, en 3D, realizada en 2009 por James Cameron, con un mensaje ecológico algo pueril, aborda el choque de dos civilizaciones, y la importancia que el entorno y la tierra tienen en el comportamiento y la cultura.
 El medio natural y la preservación de la naturaleza

Robert Redford, dirigió Un lugar llamado Milagro (1987), su segunda película como realizador, que desarrolla la lucha por la conservación de la naturaleza basándose en una novela de John Nichols. Posteriormente, a partir de una historia de Nicholas Evans, el mismo director dirigió en 1998 El hombre que susurraba a los caballos (The Horse Whisperer), sobre el trato a los animales y los beneficios que aporta a las persona. Jean Jacques Anaud rodó El oso(1988), una hermosa película semidocumental sobre la vida de los animales.
En el cine español de los últimos años, algunos directores se han aproximado al tema: Tasio(1984), de Montxo Armendáriz, Lo más natural (1990), de Josefina Molina, La nave de los locos(1996), de Ricardo Wullicher, Las ratas, de Antonio Jiménez-Rico, basada en la novela del mismo nombre de Miguel Delibes, obra que explora en la relación entre los animales y los humanos y La lengua de las mariposas (1999), de José Luis Cuerda cuyo guión lo realizó Manuel Rivas, experto en medio ambiente, una educación hacia la naturaleza en el marco político de la preguerra civil española o El bosque animado, 1987, de José Luis Cuerda, sobre la Galicia umbrosa y mágica a partir de la obra de Wenceslao Fernández Flórez
En Dersu Uzala (Dersou Ouzala), coproducida por Japón/URSS en 1975, Akira Kurosawa enseña al espectador la necesidad del hombre de convivir con la naturaleza y la destructividad que tiene la «civilización». Una película norteamericana de interés es Gigante(Giant) realizada en 1956 por George Stevens, sobre la desaparición de los cultivos por causa de las explotaciones petrolíferas.
La importancia del documental para crear conciencia

Antes del comandante Cousteau, solamente se conocía la superficie del océano y sus profundidades constituían un mundo desconocido y amenazador. Es uno de los franceses más conocidos del mundo. Gracias a sus inventos, su pasión por el mar, los viajes y el cine, su dominio del mundo de los medios de comunicación y un agudo sentido de los negocios, Jacques-Yves Costeau ha hecho que centenas de millones de personas descubrieran el mundo del silencio a través de numerosas películas y libros. En su haber está también lograr que muchos países del globo se preocupen por la ecología, la protección de la Tierra, de los océanos y de las especies vivas. La aportación de Custeau a la defensa de la naturaleza es inmensa, sus inventos, los primeros quipos de buceo autónomos, o su pequeño submarino, el Calypso, fueron claves para las exploraciones submarinas y por lo tanto para conocer el daño que en las profundidades del mar estaba haciendo la especie humana. Autor de decenas de libros y películas -entre ellas El Mundo del Silencio, Palma de Oro de Cannes en 1956-, era además un defensor acérrimo del planeta y de la ecología
Es interesante también el mundo documental, en España con un mito como el de Félix Rodríguez de la Fuente, con una vida estuvo dedicada al estudio de los animales y la naturaleza. Fue autor de numerosos artículos de prensa y colaboró en televisión con diversas series sobre la fauna y la vida animal. Sus programas como Fauna, Vida salvaje, Planeta azul yEl hombre y la tierra consiguieron los mayores índices de audiencia. Pero su labor fundamental fue haber ayudado a crear conciencia ecológica y sembrar la idea en miles de seguidores, muchos de ellos cineastas que han continuado su trabajo, de que la defensa de la especie humana depende de la defensa del medio ambiente.
Una interesante película documental es Baraka. (1993), de Ron Fricke, en la que sin necesidad de locución, presenta un mundo pleno de paisajes y de estilos de vida natural en dura contraposición con la atosigante vida de la gran ciudad.


La acción militante contra las agresiones al medio ambiente

Hay películas en las que sus protagonistas son defensores del medioambiente, luchan contra especuladores, cazadores furtivos, magnates sin escrúpulos que explotan indiscriminadamente a tierras y personas o grandes compañías que se deshacen sin control de sus basuras sin pensar en los daños que pueden ocasionar a la población y a la naturaleza. Erin Brockovich, por ejemplo, realizada en el año 2000 por Steven Soderberg cuenta la historia real de una mujer luchadora que desde un bufete de abogados investiga la contaminación de una empresa para aportar evidencias que los lleva a juicio. Un tipo genial(Local Hero), 1983, de Bill Forsyt, narra el enfrentamiento del anciano propietario de una pequeña playa de un idílico pueblo costero se enfrenta al enviado de una compañía petrolífera que pretendía comprar todas las propiedades de la zona para construir una refinería.


Sobre la vida libre de los animales y su peligro de extinción

Hay también infinidad de películas, algunas de ellas entre el documental y la ficción, que abogan por la vida libre de los animales, como la citada El oso (L’ours), 1988, de Jean-Jacques Annaud, Gorilas en la niebla (Gorillas in the Mist), 1988, de Michael Apted, que reconstruye los años que la Doctora Fossey vivió en África estudiando y defendiendo de los cazadores furtivos a los gorilas. Nacida libre (Born Free), 1966, de James Hill, en al que una leona vive con quienes la rescataron en la matanza de su familia, Dos hermanos (Two Brothers), 2004, de Annaud, el reencuentro de dos cachorros de tigre que llegan a mayores separados por el hombre.
Naturaleza y cine de animación

El cine de animación ha sido muy pródigo en presentar la naturaleza a los niños, y es necesario recordar a Disney y su factoría con Bambi (1942), en la que el hombre provoca el incendio que puede terminar con la vida del bosque, El libro de la selva (1967), sobre el niño criado por los lobos vive en la selva de la india. En Buscando a Nemo, 2003, de Disney-Pixar, un pez payaso en busca a su hijo, raptado por unos buceadores para servir de adorno en una pecera, recorre todo el mundo submarino lleno de especies extravagantes.
El cine japonés también ha presentado productos interesantes en esta línea. Destaco La princesa Mononoke, 1997, de Hayao Miyazaki, en la los dioses ayudan a preservar la naturaleza de la ruindad humana.
España, en animación también tiene su mérito, El bosque animado, 2001, de Manolo Gómez y Ángel de la Cruz, y El lince perdido, 2008, de Manuel Sicilia y Raúl García, conjugan el humor y la aventura en historias con trasfondo ecológico.

 El cine sobre la naturaleza y la educación

El cine da la posibilidad de ser utilizado en educación, por padres, profesores y agentes educativos de dos maneras fundamentales: como instrumento técnico de trabajo, en primer lugar y como sustento conceptual, ideológico y cultural, por otro. Como instrumento técnico de trabajo, sirve de punto de partida para conocer diversos modos de acceder a la sociedad y descubrir la realidad. Las técnicas propias del lenguaje cinematográfico son un soporte ideal para iniciarse en la investigación de la naturaleza, conocer mundos y formas de comportamiento social. Como sustento conceptual, ideológico y cultural, lo que presenta el cine es normalmente un reflejo de la misma vida, de lo que se hace y lo que se deshace. Las actitudes de respeto a la naturaleza merecen ser tenidas en cuenta para profundizarlas más, valorarlas e incluirlas como acciones de aprendizaje. El análisis de las imágenes y argumentos debe servir para cuestionar la misma realidad que presentan el cine y otros medios de comunicación, y plantearlo con la finalidad que tiene todo proceso educativo, la creación de conciencia y el cambio de comportamiento.

MODELOS SOSTENIBLES QUE TRANSFORMAN EL INCONSCIENTE COLECTIVO


 POR Eva  Saldaña  Buenache Licenciada en  Ciencias Biológicas (especialidad  Ambiental),  estuvo  trabajando  en  la Oficina   Ecocampus  durante  tres  años,  llevando  a  cabo  el  proyecto  de  gestión  y  sensibilización ambiental  en  el  campus de  la U.A.M  (Universidad  Autónoma de  Madrid).  Más tarde,  trabajó durante  seis  años  como Coordinadora  del Área  de  Voluntariado,  Coordinadora  del Proyecto Educativo  y  Directora  del  Dpto  de Participación  de  Greenpeace España.  Actualmente se encuentra  en  Vietnam  trabajando  con  comunidades  indígenas,  llevando  la  coordinación  de la  Cooperación  Internacional y  la  Red  Internacional de  Centros  de  Formación  en Agroecología  y  Permacultura  dentro de  SPERI,  Instituto de  Investigación  Social,  Política  y Ecológica. Correo: 

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